Home 加勒比海 Rasante 27 – Faltan productos para no creyentes /2. Más ovejas fuera que dentro.

Rasante 27 – Faltan productos para no creyentes /2. Más ovejas fuera que dentro.

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Rasante  27 –   Faltan productos para no creyentes  /2.  Más ovejas fuera que dentro.

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En el mundo occidental, tras la última empresa de «cristianización» de Europa acometida por Carlomagno en su Sacro Imperio romano-germánico, la sociedad ha sido masivamente cristiana, casi durante ocho siglos, hasta la época de la Ilustración, el siglo de las luces, aquel fenómeno cultural que llamamos «Modernidad», a la que con razón se la considera el hito que marca el comienzo de la «Edad Moderna».
Desde entonces, una transformación, lenta pero imparable, se ha apoderado de la sociedad, en todo lo que se refiere a la religiosidad, tanto en su comprensión teórica (credo, Biblia, teología, doctrina…) cuanto en su praxis (prácticas religiosas, asistencia dominical, ritos sacramentales de paso en la vida, secularización, formas de pertenencia…).
El hecho bruto es que, desde entonces, cada vez hay menos creyentes. Las estadísticas religiosas evolucionan todas a la baja, constantemente, casi cada semana…
Según Roger Lenaers, hasta 1750, la asistencia dominical -uno de los signos de práctica religiosa más emblemáticos-alcanzaba casi el 100% de la población en Europa. A principios del siglo XX había descendido hasta el 65% : más de un tercio de los creyentes se habían enfriado en su práctica, habían abandonado el templo, o habían perdido la fe.
La clase social pensante, que llevaba el liderazgo cultural, y por otra parte la Iglesia, quedaron antagónicamente enfrentadas. Modernidad contra religiosidad, e Iglesia contra Ilustración, civilización y progreso. La Iglesia se esforzó por mantener a sus fieles lejos de la influencia cultural moderna, creando ámbitos segregados de convivencia: partidos políticos cristianos, medios de comunicación religiosos, sindicatos cristianos… Aun así, la participación de los fieles, a principios del siglo XX, había bajado hasta menos de un tercio de la población. Con la crisis de la llegada de la sociedad industrial, el posicionamiento conservador de la Iglesia junto al capital le hizo perder a la clase obrera, y ya en el siglo XX perdió a los jóvenes, y más tarde al movimiento feminista. A pesar de que en la segunda mitad del siglo XX las Iglesias católica y protestantes dieron pasos de gigante en el esfuerzo de salir de su fortaleza y dialogar y reconciliarse con la modernidad, simultáneamente ésta comenzó a dejar paso a la posmodernidad. El cristianismo más avanzado se quedaba sin interlocutor, nuevamente atrasado y a la zaga.
La teología de la liberación vino a ser una de las «inculturaciones» más exitosas –aunque, lógicamente, parciales– de la historia del cristianismo, asumiendo la Segunda Ilustración, la reivindicación de las causas sociales, de la Justicia, de la opresión socioeconómica, de todos los oprimidos, la «opción por los pobres», «el hecho más importante de la historia de la Iglesia desde de la Reforma de Lutero», según Leonardo Boff. Esto frenó en amplios sectores geográficos el éxodo de los pobres y encarnó de manera ejemplar el cristianismo en capas populares, con infinidad de comunidades populares de base.
No obstante, a finales del siglo XX y comienzos del XXI, el porcentaje de participación de los fieles en la Iglesia bajó a niveles de «un solo dígito», sin dejar de disminuir. En cada vez más lugares las Iglesias históricas se vieron por primera vez en la necesidad extrema de cerrar templos: parroquias reagrupadas en unidades cada vez mayores, tanto por la falta de clero como por la disminución de fieles ancianos que ya no son sustituidos por generaciones jóvenes. Templos que son reconvertidos para usos sociales. Ritos sociales de paso (nacimientos, matrimonios, defunciones…) pasan a ser predominantemente civiles, se autoexilian fuera de las Iglesias. Congregaciones religiosas que se cierran, o que se funden con otras para afrontar más cómodamente su disolución.
En menos de tres siglos a partir de la irrupción de la Modernidad, ha bajado la presencia social de las Iglesias, desde su cómodo y casi milenario 100% de participación social, a su «exculturación social» (Hervieu-Léger). ¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando?
Jesús dijo que el buen pastor debe dejar la comodidad del redil y salir a buscar a la oveja perdida. En la actualidad, el pastor está con una oveja nunca perdida, mientras las otras 99 se han marchado, tal vez en busca de pastos. Seguimos atendiendo a «los fieles», a la oveja nunca perdida, a los convencidos. Como consecuencia, nos faltan, no tenemos, «productos para no creyentes».
Es urgente reconvertir la religión en una forma con la que se puedan reconciliar las 99 ovejas que están fuera. Necesitamos nuevos productos religiosos, para no creyentes. Y tal vez necesitamos una nueva forma de entender y vivir la religiosidad sin creer en creencias, una religiosidad de no creyentes… ¿Será éste el producto para no creyentes que más necesita la sociedad de hoy? Abordémoslo en el próximo vídeo.

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